Información Útil | Italia: Mis 5 Lugares Secretos en Roma

Roma es una de mis ciudades favoritísimas en el mundo. Un poco caótica pero llena de vida, personalidad e hitoria… ¡todo lo que me gusta en una ciudad! Hasta la fecha, he podido visitar esta ciudad tres veces, pero repetiría una y otra vez sin que me importara, ya que en esta ciudad siempre hay algo que descubrir.

Por eso, hoy quiero enseñaros cinco lugares que me encantan en esta mágica ciudad y que aún no son tan conocidos. ¡Empecemos!

I) Monumento Nazional a Vittorio Emanuele II

Personalmente me encantan los edificios hecho de marmol blanco así que… ¿cómo no “morirse de amor” con esta obra de arte italiana tan bonita y majestuosa?

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Y vosotros pensaréis… ¿qué hay de desconocido en un monumento? Bueno, aunque el edificio en sí es espectacular, éste también oculta un museo, la tumba del soldado desconocido, dos esculturas de la poderosa Diosa de la Victoria y… ¡una terraza panorámica con unas vistas de 360º de la ciudad! 

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El precio para subir hasta este precioso rooftop es de 7€ para adultos y de 3,50€ para los menores de 18 años, un precio bastante asequible si tenemos en cuenta el precio de las mayorías atracciones turísticas de la ciudad.

MI RECOMENDACIÓN: Si viajáis a Roma durante el invierno como yo, aprovechad el horario de la terraza y disfrutad de un atardecer con una de las mejores vistas de la ciudad.

II) Villa del Gran Priorato dell’Ordine dei Cavalieri di Malta

Si buscáis una verdadera joya en Roma, esta se esconde en el agujero de una cerradura en la Colina Aventina!

Para llegar a ella, buscad la Plaza de los Caballeros de Malta y, una vez allí, probablemente podrás ver una cola de gente esperando para mirar a través de una cerradura. No están locos. Sólo espera a tu turno y déjate sorprender por la belleza de San Pedro al final de un romático jardín.

Aunque este sitio solía ser bastante secreto, cada vez es más conocido por los viajeros que visitan Roma, así que aprovechad para conocerlo antes de que se llene de turistas.

MI RECOMENDACIÓN: Id a visitarlo durante el amanecer o el atardecer y, después de mirar por del agujero de la cerradura, seguid contemplando la panorámica de la bonita Roma y del río Tiber a vuestros pies desde el romántico Jardín de los Naranjos (justo al lado de la plaza!). 

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III) Heladería Giolitti

¿Te requetencanta el helado como a mí? Entonces te enamorarás de este sitio. Esta heladería se fundó en 1890 y no mucho después de su nacimiento se convirtió en el proveedor oficial de helados de la familia real italiana así que imaginaros lo buenos que están…

La decoración de esta gelateria es bastante vintage, recordando bastante a los cafés franceses por su elegancia. Descubrí este lugar durante mi primera visita a Roma con el colegio (y nuestro guía español, que nos enseñó lugares muy chulos) y, puedo deciros que después de una semana probando diferentes helados en Italia… ¡éstos me encantaron!

Así que cuando estuve en Roma de nuevo, en 2016, no dudé en buscar esta heladería hasta encontrarla y hacer que mi madre probara el verdadero gelatto italiano.

MI RECOMENDACIÓN: Sed valientes, arriesgaros a probar nuevos sabores y combinaciones y disfrutad de vuestro helado mientras paseáis por el corazón de Roma hasta llegar al bonito Panteón. 

IV) Los Jardines de los Museos Vaticanos

Con más de 20.000 piezas de arte en exposición, los Museos Vaticanos son un verdadero paraíso para los amantes del arte como yo aunque éstos ocultan otros pequeños paraísos que no “en exposición”…

Si lo que buscáis es desconectar del ambiente caótico de Roma, os recomiendo que paséis una tarde contemplado los frescos de Michelangelo en el techo de la bonita Capilla Sixtina o la conmovedora escultura de Laoconte Y Sus Hijos. Cuando hayáis satisfecho vuestra curiosidad artística, dirigíos a los jardines del museo y podréis disfrutar de una de las mejores vistas de la cúpula de San Pedro.

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MI RECOMENDACIÓN: Desde hace un tiempo es posible comprar los tickets a los Museos por Internet. Hacedlo, os ahorraréis las largas colas que hay para entrar en uno de los mejores museos del mundo. 

V) El Puente de Sant’Angelo

Probablemente, uno de mis lugares favoritos para fotografiar la catedral de San Pedro, sobretodo al atardecer. Y es que durante mi segundo viaje a Roma me sorprendí por esta imagen mientras cruzaba el puente (¡incluso teniendo las vistas del Castillo de Sant’Angelo enfrente de mí!).

Aunque realmente este puente es bastante concurrido, la mayoría de turistas cruzan este puente sin darse cuenta de las maravillosas vistas que tienen a un lado del puente (sobretodo en invierno) así que ¡aprovechadlo y disfrutad de esta postal!

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MI RECOMENDACIÓN: Como ya os he dicho, os recomiendo visitar el puente durante el amanecer o el atardecer, cuando el cielo coge unas tonalidades preciosas y la vista de San Pedro se convierte en una de las más románticas de la ciudad. 

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Portugal | Día 3 – De Porto A Lisboa: Todo Viaje Empieza Con Un Adiós

Mi último día en Porto empezó como cualquier otro día. Me desperté, me vestí y me dirigí a la cocina de mi hostal. Allí me encontré con Inés, mi amiga argentina con la que me fui a explorar Braga el día anterior. A ambas nos tocaba rehacer las mochilas y marcharnos de Porto pronto, así que decidimos repasar todo aquello que queríamos ver antes de irnos.

Pusimos rumbo a la Igreja  y la Torre dos Clérigossímbolo de la ciudad de Porto, y de camino nos topamos intencionadamente con la Capella Das Almas, una estrecha pero preciosa capilla que tenía en mi bucket list. No defraudó. Recubierta de bellos azulejos azules llenos de historias, la Capilla de las Almas es una de las iglesias más pintorecas de Porto.

 

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Deambulamos por la ciudad un rato más hasta llegar a nuestro objetivo donde, aún con la neblina y la humedad del Duero en las primeras horas del día, disfrutamos de las mejores vistas de Porto.

INFO ÚTIL:

Para acceder a la torre es necesario pagar una entrada de 4€. Con la entrada también se adquiere el derecho a visitar las exposiciones que hay en el interior del edificio. La iglesia también es bonita, aunque nada del otro mundo.

Aprovechamos nuestra visita a la zona para acercarnos en la famosísima Librería Lello e Irmão. Su fachada, hecha mosáico, la distingue del resto y su interior es de ensueño. No es de extrañar pues que Lonely Planet la clasifique como una de las librerías más bonitas del mundo o que J.K. Rowling se inspirara en sus escaleras y su interior al diseñar el mundo mágico de Hogwarts.

INFO ÚTIL:

El acceso a la librería es de pago, aunque el importe se retorna a aquellas personas que compren un libro (la mayoría estan en portugués, pero también se pueden encontrar en inglés y en español). El coste de la entrada son 4€ y la entradas se adquiere en la tienda de la esquina con la calle Rua do Dr. Ferreira da Silva.

Después de enamorarnos perdidamente de la librería y aún más de Porto llegó la hora de despedirnos, aunque no sin antes acercarnos a São Bento de nuevo y comprar mi billete de tren a Lisboa.

INFO ÚTIL: 

Existe la posibilidad de reservar los billetes de tren con antelación y a través de la página web. Yo no lo hice porque quería tener cierta libertad a la hora de decidir cuando iba a irme, por lo que los billetes me salieron 30,30€ (algo más caros que comprados con antelación). El tren a Lisboa no puede cogerse en São Bento, por lo que la estación de Campanhã es una buena alternativa.

Con mis billetes comprados y a punto de despedirnos, nos topamos con dos chicos de Porto Canal, que nos preguntaron por la ciudad y nos pidieron que votáramos públicamente por Porto en el concurso de Mejor Destino Europeo de 2017 y… ¿cómo negarnos si la ciudad nos había enamorado?

Después de demorarlo tanto como pudimos, nos despedimos. Yo me fui de vuelta al hostal, donde tenía que recoger la mochila. De camino paré durante unos minutos, en los que aproveché para contemplar la bonita fachada de la Igreja de Santo Ildefonso y así despedirme de Porto.

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El trayecto hasta Lisboa se hizo corto y es que caí completamente rendida después de perder de vista la bonita postal del mar y la playa desde el tren. Poco antes de llegar a la estación de tren de Santa Apolónia, en Lisboa, desperté de mi sueño y decidí que quedarme despierta era la mejor opción.

En cuanto llegué busqué rápidamente por el metro, que me acercaría a mi hostal. Una vez allí decidí que estaba demasiado cansada para explorar la ciudad esa misma noche, así que me limité a pasear por las calles cercanas, desde la plaza Marqués Du Pombal hasta el Monumento dos Restauradores.

Portugal | Día 1 – Porto: Mi Colorido Paraíso

– Porto, mi ciudad querida. ¿Qué puedo decir de ti? Creo que siempre serás un atesorado recuerdo… ❤

Porto fue mi primera parada en Portugal y la primera ciudad a la que viajé viajando sola; los nervios y los miedos, que arrastré durante toda la semana previa, se desvanecieron en cuanto el avión tocó tierra y me inundó la profunda sensación de que todo iría bien.

Al salir de la estación de metro 24 de Agosto, mis vista quedó totalmente cautivada por los edificios que me rodeaban. Todos ellos parecían un recuerdo al paso del tiempo; con sus fachadas oscurecidas y algunos cristales rotos, pero con su personalidad intacta.

En cuanto mis sentidos se recuperaron del noqueo visual, cogí la Rua do Bonfim y caminé hasta mi hostal, donde dejé mi mochila para irme a explorar. Me puse a deambular hacia la elegante catedral de Porto, pero sin ningún rumbo fijo. De camino me encontré con una postal de tejas rojas y edificios decorados que me llevó, por un instante, a mi querida Italia.

En ese momento y con esas vistas, haber decido descubrir la ciudad sola me pareció una de las mejores elecciones de mi vida. Me sentía genial en mi propia piel. Libre de ir y hacer lo que quisiera, sin miedo ni necesidad de dar explicaciones o escuchar segundas opiniones. Completa y absolutamente libre.

Continué mi camino hasta el interior de la catedral, aunque lo mejor se escondía en el interior del claustro. En cuanto puse un pie en su interior quedé totalmente fascinada por azulejos y por su arquitectura, que me hizo sentir como Hermione Granger paseando por Hogwarts.

Tras visitar la catedral decidí perderme por vecindario de Ribeira. El sinfín de callecitas, a cada cual más bonita, me dejó boquiabierta y es que nunca antes el color ocre me pareció tan bonito como entonces. Disfrutar de la soledad en estas calles fue una gozada y uno de mis mejores recuerdos de la ciudad (aunque, por suerte, no son pocos). Ribeira, su esencia y sus gemas arquitectónicas me dejaron completamente hechizada.

En mi particular “misión” de descubrir Porto llegué a la orilla del río Duero. Con unas vistas perfectas de Vila Nova de Gaia, la ciudad vecina al otro lado de la orilla, y del puente de Dom Louis I, este rincón de Porto parece una de esas imágenes de los libros de historia donde el blanco y negro han conseguido parar el tiempo.

Me deleité con un paseo y, para cuando me había dado cuenta, había llegado a la Iglesia de San Francisco y de allí al Miradouro da Vitória, un lugar poco concurrido y que ofrece una de las mejores vistas de la ciudad.

Cuando llegó el mediodía decidí que la primera toma de contacto con la ciudad había sido suficiente y volví al hostal, donde aún tenía que hacer el check-in. Tuve la suerte de quedarme en un edificio antiguo y de techos altos que resultó encantarme.

Una vez terminé todo lo que tenía pendiente, dejé mis cosas (esta vez ya en mi taquilla) y me fui en busca de un lugar donde comer. Conseguí encontrar un restaurante muy cerca de mi parada de metro, 24 de Agosto, donde pude comer pescado frito con ensalada, patatas fritas y arroz, pan, bebida y café por ¡sólo 5€!.

Después volví a por mi cámara y me dirigí a toda prisa hacia la orilla del Duero para poder disfrutar de la puesta de sol. Empecé, por error, en el Puente del Infante y resultó ser “un error” genial.

Diría que pasé más de una hora recorriendo los puentes de la zona de Ribeira, bajando hasta la orilla de nuevo y cruzando a Vila Nova de Gaia mientras trataba de atrapar la belleza de esa tarde. Definitivamente, una de las mejores cosas que hice en todo el viaje.

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